13 de diciembre de 2019
 
 

Lo que ocurre
 
 
 volver  
Quijote Gourmet - Revista Caras 10 de abril de 2006

En esto de los cuatrocientos años de la gran novela de Cervantes se ha hecho de todo: el quijote al teatro, al cine, al video arte, al celular, a la red, a la música.
Pero esto se trata del paladar.
De los platos que el hidalgo y su escudero se zampaban cuando cruzaban La Mancha.
Una cocina contundente y sabrosa que sigue viva.


 

Aunque el hidalgo ingenioso era flaco y de triste figura, es más, aunque estuviera casi en los huesos igual que su rocín Rocinante, la comida en esta historia no es cosa menor. Además Sancho pecaba de gula y de panza. Ya en la cuarta línea de la novela, después de aquella célebre frase con la que empieza, Miguel de Cervantes describe en detalle la dieta de Don Quijote. Dice así: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Si examinamos el menú, vemos primero la olla, especie de cocido o puchero en la que cabía de todo: carnes de vaca, conejo, cerdo, aves y verduras diversas. En su versión más llena y suculenta se le llamaba olla podrida por sus intensos olores. Decía don Quijote una vez enfermo: "Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares exquisitos...lo que el maestresala puede hacer es traerme éstas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas son, mejor huelen y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún día”.

 

El hidalgo venido a menos yantaba olla con carne de vaca, pues era más barata que la de carnero. El salpicón aprovechaba las sobras de la olla: la carne, el tocino y las verduras rehogadas, para una cena algo más ligera. Los duelos y quebrantos, son cosa aparte. Su nombre, tan literario como sentimental, los ha convertido en el plato quijotesco por excelencia. Y aunque hay distintas versiones, la más popular y aceptada indica que eran huevos revueltos con panceta, jamón, sesos y chorizo. Las lentejas ya se sabe y los palominos o pichones eran algo riquísimo y especial, aunque palomares había por todas partes.



Despliegue Gastronómico

 

En este cuarto centenario quijotuno, el redescubrir su cocina ha motivado a prestigiosos chefs y restaurantes de renombre en Madrid y en la región de La Mancha.
También a escritores como Lorenzo Díaz, gastrónomo y manchego, en su libro “La cocina del quijote” cómo se comía en el siglo de oro español. “Teníamos la corte más importante del mundo, los reyes eran c


enviar a un amigo comentar

Comentarios 0
  Busca en Internet
  Libros- Todos
 
©Lorenzo Díaz 2003, Todos los derechos reservados
minetsoft,s.l.