19 de agosto de 2019
 
 

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Ilustrados y románticos: Cocina y sociedad en España (XVIII y XIX)
Editor: Alianza Editorial, S.A.
Precio: 15  €
Fecha de edición: 2005
ISBN: 8420677809
Páginas: 192
Encuadernación: Tapa blanda
Formato: 15,5 x 23 cm.
Colección: Libros Singulares
Idioma: Castellano
Disponibilidad: en stock
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Sinopsis

Este libro prosigue mis investigaciones sobre la cocina y sociedad de la historia de España. Con éste son tres los períodos históricos reseñados, de capital importancia: el Siglo de Oro, representado en La cocina del Quijote, una culinaria de la necesidad y del azar, donde Cervantes le da cuchara a todos los estamentos sociales de su época. Sabemos cómo come el labrador con posibles, el hidalgo de menguada despensa, el correcaminos de ventas y ventorros, y los duques, y asistimos perplejos y regocijados a la murga de los médicos pejigueras empeñados en no dejar «zampar» a Sancho en la isla Barataria.

En La cocina del barroco asistimos a los fastuosos ágapes de la Corte de los Austrias y a las hambrunas de los pícaros y pobres de solemnidad.

En Ilustrados y románticos proseguimos la historia de nuestra gastronomía y percibimos en este período el resurgir de una cocina regional, popular, sabrosa, que aparece como contrapartida a una cocina importada por los Borbones y que sólo alcanza a la aristocracia y realeza.

En el XLX aparece una nueva clase social: la clase media, que demanda un territorio de ocio y negocio, y que protegerá a la cocina española de influencias foráneas, especialmente, del toque francés.

«Petimetres» y «afrancesados» abrazaran las delicatessen de otros espacios mientras que la España de siempre se regocijará de guisos y condumios rotundos.

La excelsa literatura del XIX recogerá innumerables testimonios gastronómicos del «gotha» literario: Galdós, Clarín, la Pardo Bazán, Larra, etc.

Comienza a prescindirse de los grandes recetarios del XVII y XVIII, y la clase dominante se apunta a comer a la francesa.

Por otro lado, mientras la novela picaresca había hecho del hambre una estética, y los textos místicos, una ética, en el romanticismo, como una revancha, irrumpen la ética y la estética del hartazgo.

La nueva clase medía española, que no llega a ser burguesía, encuentra oportunos recetarios como El Practicón de Ángel Muro, o La cocina práctica de Picadillo. Comer con fundamento, como comió la España tradicional.

El doctor Thebussem habla del notable retraso en los temas culinarios de la clase media española. «Ni come», ni salvo excepciones, sabe comer.

Probablemente las excepciones sean los labradores acomodados de la campiña cordobesa, de los que nos brinda líricos relatos de sus rotundas cuchipandas en «saraos» y festejos el gran escritor Juan Valera.

En el capítulo de agradecimientos, señalar que mientras se gestó este libro recibí el nombramiento de hijo adoptivo de dos hermosos pueblos manchegos: Villanueva de los Infantes y Valdepeñas. Galardones que recibí con suma emoción porque me trasladaron a mi infancia, a los años cincuenta, cuando viví en Infantes y me examinaba en el instituto «Bernardo de Balbuena» de la ciudad del vino, de Valdepeñas. Quiero personificar mil gracias en Mariano Sabina y Jesús Martín, alcaldes de estas dos ciudades «pata negra» de La Mancha.

También recibí tratamiento de ducado en Tomelloso, donde di el pregón de la vendimia del año 2005. Con Carlos Cotillas, máxima autoridad constitucional, quedé en presentar este libro junto a José Luis Cabañas, el ilustrador de estas pagínas, al que perseguí por las calles del Madrid romántico e ilustrado para que entregara sus dibujos. Viví con él un auténtico «Sinaí» para hacerle currar, porque es de la opinión de que donde mejor se está es fuera de casa.

A todos, saludos cordiales y que les aproveche.

Madrid,<


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