21 de marzo de 2019
 
 

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La caja sucia. Telebasura en España

Comentario
¿La sociedad española tiene la televisión que se merece? ¿Sufrimos la programación más vulgar de Europa? ¿Con buenos periódicos y una radio excelente, ¿por qué la televisión hace el trabajo sucio? ¿Quiénes son los responsables de la telebasura?

Editor: La esfera de los libros
Precio: 19  €
Fecha de edición: 2005
ISBN: 8497342704
Páginas: 208
Encuadernación: Cartoné
Formato: 16 x 24
Colección: Ensayo
Idioma: Castellano
Disponibilidad: Inmediata
Materias: Ensayo, crítica y humor
Donde Comprar:
AGAPEA - Libros urgentes; Casa del libro; El corte inglés;

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Crítica literaria
Autor: Matías Antolín - DIARIO PALENTINO

PALENTINO EN MADRID
La caja sucia’ (Telebasura en España)

«No se puede tener el cerebro en el pito o en la concha, como dicen los argentinos»

Tras leer el estupendo y contundente libro que ha escrito Lorenzo Díaz con el título que hoy lleva este comentario no puedo no decir que he permanecido años observando a los protagonistas de Gran Hermano. Esto me ha permitido ver y escuchar la mentecatez de esos soplapitos. Sería ser más ciego que Homero si negáramos la evidencia: el programa GH ha provocado una gran revolución en las parrillas. Soy hipertenso pero no creía que era gilipollas hasta que escuché ahí fuera que esos internos de la casa son tontos del haba y los que lo vemos unos zongolotinos, si no mequetrefes. Manuel Azaña resumió con lucidez lo que muchos pensamos: «Al español le gusta tener libertad de decir y pensar lo que se le antoja, pero tolera difícilmente que otro español goce de la misma libertad, piense y diga lo contrario de lo que él opina».

Puedo decir y digo que GH no es telebasura. Sí lo es lo que hacen con los inquilinos de esa casa cuando salen y les expone en el escaparate televisivo. A ver qué guionista de series televisivas es capaz de contar una historia tan creíble como la que se vive en la casa de cristal. Vemos trozos arrancados a la realidad; hemos podido seguir en directo, sin guión, (los concursantes son los propios guionistas de lo que acontece), cómo se enamoran, o se gustan al menos, dos personas; cómo se odian, o cómo surgen los celos sin echar la culpa a Otelo o a Shakespeare. Este programa ha hecho espectáculo con lo cotidiano. GH es un espejo cóncavo que devuelve la vida tal como es a cuantos se reflejan en él. Afortunadamente se escamotean al espectador escenas escatológicas; se agradece esta miaja de pudor. Los personajes que alimentan los programas basura no protagonizan escándalos; los que se escandalizan, ellos son un escándalo.

Leyendo el muy interesante ensayo escrito por el riguroso sociólogo y sagaz periodista Lorenzo Díaz, me vino a la memoria una gran película de Bily Wilder titulada El gran carnaval. Ella me sirve para enfatizar el amarillismo que tiñe a cierta prensa. Es una genial y terrible historia que muestra al desnudo la miseria de los reality shows . Hay un periodista chapucero, sensacionalista y canalla, interpretado por Kirk Douglas, pero los malos de la película son la turba de ciudadanos que acude a su llamada amarilla y baila su siniestro son. También me produce espanto cómo devoran los periodistas de programas sensacionalistas, tipo Crónicas marcianas, Salsa rosa, Aquí hay tomate........ Son fenómenos de feria televisiva que nos demuestran que la ignorancia no es humilde, es pretenciosa, insolente, atrevida. Sólo mascullan palabras vacías, es la calderilla de su pobre pensamiento. Ciertos programas han convertido en joyas a esta bisutería barata. Corrala de chismosos, busconas, actores de tercera, meretrices, cómicos que maldita la gracia, estarletes que piden una oportunidad en el plató y en la cama, muñecas de plástico y cerebro de silicona, y otras gente de bien vivir a costa de los demás.

Todo por la pasta. ¿Por qué se paga a estos descerebrados por contar la nada de su todo y el todo de su nada? En este imprescindible libro de Lorenzo Díaz se hace fotografía literaria, se revela lo que esos extraños de La caja sucia viven la vida como un anuncio. Deberían tener un problema ecológico por la cantidad de bosque que malgastan en papel cuché. Hay arrugas nada bellas en estos corazones de papel. Algunos se pican porque les están moliendo como un ajo en un mortero, pero son como borregos que adoran el becerro de oro. Su sangre para sobrevivir es de glóbulos económicos.

Mi mir


Crítica literaria
Autor: Interviú - I.M.

Esta es la batalla que parece dispuesto a desatar Lorenzo Díaz, periodista y sociólogo, en este libro, un azote a la telebasura. Esta publicación cierra la trilogía que dedica a la televisión en España. En este caso centrada en la etapa de 1999 a 2004. Recoge perlas lanzadas en los programas, grandes frases, insultos entre personajes encumbrados por el culto al morbo, el sensacionalismo y el escándalo puro y duro. Critica la práctica del todo vale en aras de los sacrosantos niveles de audiencia, lo único que parece importar.


Crítica literaria
Autor: Raul del Pozo - EL MUNDO

Lorenzo Díaz, sociólogo trotskista, playboy atípico, vino a Madrid en un camión de melones.

Sabe de estructuralismo, de cocina cervantina y convierte sus teorías de la radio y la televisión en los libros más vendidos.

Ahora acaba de publicar en La Esfera La caja sucia.

Encabeza el texto con una frase de Joan Brossa (la televisión es el chicle de los ojos) y con un artículo mío (el nuevo fascismo no sería la aceptación de los halcones, el capitalismo salvaje, la primacía arioanglosajona, sino la telebasura, esa fiebre amarilla que ataca a un público despolitizado, aburrido, desencantado, que sólo se emociona con chismes).

Los lectores me escriben diciendo que me derechizo, que me contradigo y tal vez tienen razón, pero ahora que vuelvo a pensar, temo y sospecho que el chisme y hasta la calumnia cumplen una función social en España, cuando sigue la mugre aunque habían dicho que iban a regular el horario infantil.

Los comités audiovisuales, los censores voluntarios, los comités de sabios que llevamos manteniendo ya tantos meses, los de la cofradía del bozal, dirán con La Biblia en la mano que el chisme es un pecado vil y que hay que acabar con la telebasura. Pero la broza sube. Hasta aquí llegó la telebasura. Piensa Lorenzo que el género rosa basuril coloca cinco entre los 10 programas más visto. ¿Y si los excrementos del canguro mediático han ido consolidando el proceso de socialización? Los emigrantes trajeron a la ciudad, cuyo aire nos hace libres, sus habladurías de taberna, de novena, y con la TV y su tecnología recuperan memoria. No hay que ver la habladuría sólo como resultado de la vileza. Dicen algunos antropólogos que los primates se sacaban los piojos no por higiene sino para mantener unida a la horda; tras el salto evolutivo, no retenían a los semejantes sacándoles los piojos e inventaron el lenguaje; cuando, a pesar de hablar, los jóvenes se piraban de la choza, surgió el chisme. A ver si los sabios y los políticos puritanos en vez de cargarse la telebasura lo que hacen es desintegrar más la familia.

Lorenzo, apoyándose en genios como Alvite, comenta que telebasura es una comunicación del mismo rango que la malaria, es una industria que fabrica fama. La muerte de Carmina tuvo un tratamiento y un impacto superior a la muerte de Marlon Brando o a la de Antonio Gades y nuestros adolescentes prefieren ser tertulianos de Crónicas marcianas a estudiar Biología molecular. Canta Joaquín Sabina en tercetos envenenados: «Tómbola, Mamma mía, qué cadena/ de eructos ilustrados, de fulanas,/ de chulos lameculos con tomate». Arturo Pérez-Reverte describe a las zorras de papel cuché y a marujas en éxtasis admirando aleladas a una vulgar pedorra.

Es el mercado, idiotas, viene a decir Lorenzo. Las películas de Robert de Niro cuestan medio millón de dólares cuando pueden ser sustituidos por un lote de mataos que cobran mil euros. Mientras sea rentable, seguirá el reality show, el nuevo opio del pueblo.


Crítica literaria
Autor: www.tragones.com

La caja sucia: telebasura en España
Lorenzo se pregunta en su libro si es cierto que la sociedad española tiene la televisión que se merece y si sufrimos la programación más vulgar de toda Europa. También duda si la aparición de las cadenas privadas no ha generado una mejor oferta, sino todo lo contrario. Periodista y sociólogo, Lorenzo se hace estas preguntas, las mismas que los intelectuales y los telespectadores normales, para tratar de explicarse el fenómeno que nos invade desde hace más de una década: la telebasura, una forma de hacer televisión en la que priman el morbo, el sensacionalismo, la sensiblería y el escándalo puro y duro. Parece que todo vale para atraer a la audiencia.

La televisión --opina Lorenzo-- ha sustituido a la realidad, creando otra nueva en la que se trivializa todo lo negativo. Sus mensajes no sólo son frívolos e intrascendentes, sino que crean estilos de vida, concepciones del mundo, paradigmas sociales y gustos estéticos. Los programas que basan sus contenidos en informar de la vida privada de los famosos y de una fauna variopinta que se hace rica sin esfuerzo alguno crecen exponencialmente temporada tras temporada, y tienen audiencias superiores a los telediarios.

El tragón afirma que hacemos buenos periódicos y tenemos una radio excelente, y se pregunta por qué hemos dejado a la televisión que nos haga el trabajo sucio. En última instancia, se interroga a sí mismo sobre quiénes son los responsables: ¿los productores, sólo atentos a la cuenta de resultados; los telespectadores, poco o nada selectivos con lo que ven; o los poderes públicos, cuya reacción todavía está por llegar? Y la pregunta del millón: ¿se puede poner freno a este desenfreno o el fenómeno de la telebasura aún puede ir peor?

http://www.tragones.com/


Crítica literaria
Autor: Encarna Jiménez - Libertad Digital

TELEBASURA EN ESPAÑA
La caja que huele

Lorenzo Díaz ha publicado en La Esfera de los Libros La caja sucia. Telebasura en España. El sociólogo y periodista se hace eco de un sentir social que expresa su rechazo a unas manifestaciones que proliferan en las cadenas españolas, especialmente en Telecinco, sobre las que se ha creado una cierta alarma social y que han hecho que dos presidentes del Gobierno, primero José María Aznar y luego Rodríguez Zapatero, expresaran su preocupación, aunque nadie haya encontrado la fórmula para evitar que la contaminación se detenga. 

Desde hace un tiempo asistimos a intentos, más o menos forzados, de autorregulación de los aspectos más escabrosos de la exhibición de vidas privadas con dinero de por medio, pero lo cierto es que hay cierto pesimismo a la hora de ver el día en que se frene el sensacionalismo, el acoso a individuos "famosos" y la tendencia del telespectador a consumir "telebasura".
 
Precisamente este término, centro del debate, es lo que aparece menos claro. Lorenzo Díaz recoge en numerosas citas lo que han dicho algunos profesionales del medio, filósofos y expertos en comunicación. Cada uno lo interpreta a su modo, y sobre él se dicen muchas obviedades y algunas frases de impacto. Un bloque de la documentación de La caja sucia está compuesto por los que hablan desde dentro del pingüe negocio montado alrededor de la crónica rosa, en sus versiones "hard" y "light". Coto Matamoros, Javier Sardá, Karmele Merchante, Boris Izaguirre o Mariola Cubells –como arrepentida– han dicho "su verdad" sobre el fenómeno en sendas publicaciones, y Lorenzo Díaz lo refleja en su libro aunque no comparta sus puntos de vista.
 
También nos facilita distintas tablas en las que se documenta, en cifras de audiencia y coste, la producción de los programas que viven de la explotación de las vidas privadas tanto de gente conocida –monstruos del fenómeno como Marujita Díaz, Pocholo, Sara Montiel o Karina– como de gente corriente y anónima que encuentra en programas de testimonios su manera de emular a unos personajes de dudosa ejemplaridad. Ése quizá es el elemento más inquietante de la extensión del espíritu "basurero" al tejido social, y da la razón a Gustavo Bueno cuando afirma que cada país tiene la televisión que se merece. El filósofo asturiano es uno de los intelectuales españoles que más se ha empeñado en definir la "telebasura" con cierto rigor.
 
Lorenzo Díaz, que considera la década 1994-2004 como la "ominosa" en términos televisivos, no es muy optimista respecto a la evolución del fenómeno. Ciertamente, como dice Valerio Lazarov, hay que concluir que España es el país más cotilla de Europa, y que la televisión ha encontrado una fórmula rentable de explotar esa "curiosidad" insana alimentada con modelos de Gran Hermano, Salsa rosa, Crónicas marcianas y magazines de mañana y tarde. De modo que tenemos "telebasura" para rato.
 
En La caja sucia se presenta un "estado de la cuestión" que, tal y como se desarrollan los acontecimientos, puede quedar en unos meses sobrepasado por la propia dinámica televisiva. Baste decir que habla de Carolina Ferre como esperanza blanca de conductora de magazines, que fue flor de un día frente a María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana. Estas valoraciones son las que hacen más perecedero el volumen editado por La Esfera. Más seguras son las referencias a clásicos que han analizado el mundo de la televisión, como Bourdieu, Imbert, Sartori, Eco, Lipovetsky o Debord. De todos ellos hay alguna frase que aprovecha.
 
Lorenzo Díaz todavía no ha tenido la oportunidad de ver cómo caen algunos de los personajes de televisión en que confía, como Julia Otero. Manifiesta fidelidades que el tiempo demostrará que tienen escasa consistencia, pero ofrece<


Crítica literaria
Autor: Bernabé Sarabía - El cultural

La caja sucia
 
En Italia o en el Reino Unido los estudios sobre televisión cobraron vigor a finales de los años 70. A comienzos de los 80 se pensó que la influencia de la televisión en la construcción de la cultura política debía ir más allá de los productos televisivos explícitamente políticos.

El interés analítico se desplazó hacia el terreno más general de la programación de ficción. Al mismo tiempo, los estudios sobre audiencias dejaron de considerar a los televidentes consumidores pasivos y empezaron a mostrar que la audiencia es siempre activa y que el contenido de los medios es polisémico. En España los estudios sobre televisión han tardado mucho más en tomar consistencia. Sólo en estos últimos años se puede hablar de la existencia de una “masa crítica” dedicada a trabajar sobre los innumerables aspectos del fenómeno televisivo. El que en España no haya existido una cultura seria de análisis de la televisión está directamente relacionado con la calidad de lo que aparece en las pantallas, muy por debajo de lo que puede verse en el Reino Unido o en Italia.

La caja sucia, cuyo subtítulo es Telebasura en España, viene a confirmar, por un lado, la lentitud del desarrollo de los análisis sobre producción y audiencias televisivas y, por otro, la necesidad de producir telebasura para enmascarar la dificultad de producir unos contenidos televisivos de calidad. Lorenzo Díaz, sociólogo de formación, lleva años escribiendo sobre distintos aspectos de la cultura popular como gastronomía o alimentación. Ha publicado un buen número de artículos y libros sobre radio y televisión desde la privilegiada posición de quien es un profesional que trabaja en ambos medios. En esta entrega, Lorenzo Díaz ha construido un texto sencillo y accesible en el que muestra su alarma ante la baja calidad de la televisión que se ofrece en España desde hace unos años. Para ello, ha entrevistado a catorce personas vinculadas a la televisión desde hace décadas y que conocen el medio, como Alfredo Amestoy, Cristina García Ramos, Ibáñez Serrador o Valerio Lazarov.

A estas opiniones ha añadido información y documentación de hemeroteca, de sus propios archivos y de su cualificada experiencia como telespectador. El resultado es un libro cuya primera parte indaga los parámetros de la telebasura a través de una reflexión histórica y de un análisis de sus protagonistas, así como de los espacios televisivos en los que la telebasura se ofrece al espectador. En una segunda parte se aborda el mundo del famoseo y se desmenuza el provechoso mundo de las productoras de televisión. Lorenzo Díaz no deja de hacer referencia a las distintas empresas que abastecen a Televisión Española y que ocasionan unos gastos, desmesurados casi siempre, que al final debe abonar el contribuyente español. Este recorrido por las miserias de la televisión se completa con una selección de fotografías de los principales programas del corazón y de sus protagonistas. Al final queda una pregunta que flota en la cabeza del lector desde la primera página: ¿Será que tenemos la televisión que nos merecemos?

 



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Comentarios 4
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Documentos anexos
30/01/2005 | La caja sucia - EL CORREO DIGITAL

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